Fernando Rovetta Klyver, profesor de Ciencia Política en la UCLM de Talavera
Artículo publicado en La Voz de Talavera.

Como se anticipó oportunamente, los días 29 y 30 del pasado mes de
junio, en Casa de Camineros, junto al puente romano de Talavera de la
Reina, se realizó el IV Foro de Voces Eco-Sociales bajo el lema: Por la Paz
y contra el armamentismo. Si bien ya se han publicado las ponencias
del historiador Fidel Cordero y de la profesora de Filosofía Graciela
Miguel, creemos conveniente explicitar otra de las ponencias marco del
Foro que, respetando el pluralismo, admitió más de una interpretación de
la política armamentista que exponían -o pretendían imponer- para esas
fechas los líderes de la OTAN en Madrid.
En esta ocasión me tocó presentar la primera ponencia del Foro, ‘Un hilo
de esperanza ante el laberinto de las armas’, tras las palabras de
inauguración del Vicerrector de Formación Permanente de la UCLM,
D. Santiago Gutiérrez Broncano, y las de la Decana de Ciencias Sociales,
Da. Juana Serrano García. Pensamos continuar compartiendo otras
aportaciones al evento, con el objetivo de dar voz a una ciudadanía
comprometida socialmente e invitar a pensar sobre lo que estamos
viviendo.
Ucrania es el escenario de una guerra entre dos países con un alcance
internacional. A partir de esta constatación, se pueden identificar al
menos dos interpretaciones de los hechos. Hay quienes se limitan a
señalar el expansionismo ruso, y quienes -sin negar el anterior-
proponemos atender además al expansionismo de la OTAN.

1.- Dos países en conflicto
Ucrania, la segunda república más importante de la antigua URSS
después de Rusia, ha sido invadida por ésta el pasado 24 de febrero. Para
esa misma fecha en 2014, se había iniciado la anexión rusa de Crimea
como resultado de un plebiscito. Luego sobrevino la puja por el territorio
ucraniano del Dombás, que limita con Rusia, donde se están librando los
más cruentos combates.
No hay entre estos dos países un río u otro accidente geográfico que
delimite territorios; ello, sumado a que en ambos se produce la tensión
entre quienes prefieren abrirse hacia Europa y quienes prefieren cerrarse
en su cultura eslava, hizo que el mismo Putin escribiera un artículo hace
un año refiriéndose a ambos como “Un solo país” por razones étnicas,
históricas y hasta religiosas.

La visión del conflicto centrada en el expansionismo ruso es la que
asumen, entre otros, profesores de la ucraniana Universidad Nacional
Petro Mohyla del Mar Negro, a cuyo Zoom meeting del 23 de junio fui
invitado por Vyacheslav Andrielev, profesor de tal universidad e
integrante de una familia de Micholaiev (la tercera de las cinco familias
ucranianas que ayudamos, desde el Ateneo Rural Paulo Freire 2030, a
asentarse en pueblos de la comarca de Talavera).
La primera de las ponencias en tal encuentro bimodal universitario, a
cargo de la profesora Anastasia Khmel, doctorada en Historia, se centró
en diferentes artículos de José Ángel López Jiménez. En uno de ellos,
publicado en la Voz de Galicia (11/may/2022), analizaba López Jiménez
los alcances de la toma del territorio secesionista y de parte de Moldavia,
como un intento por lograr lo alcanzado por Catalina de Rusia a fines del
s. XVIII: “El imaginario ultranacionalista ruso y neoimperial quedaría
colmado, al tiempo que proporcionaría a Moscú el control de los mares
Azov y Negro, la salida al Mediterráneo y, por consiguiente, el aislamiento
del sur de Ucrania (…) más allá de fragmentar su integridad territorial y
socavar su independencia.”
No obstante, frente a tal artículo reciente sobre los dos
contendientes, López Jiménez, en una obra de 2017 “Política exterior
Rusa: Los conflictos congelados y la construcción de un orden
internacional multipolar”, enumera algunos antecedentes y ofrece
argumentos válidos para contextualizar el actual escenario bélico en un
contexto global. Los conflictos congelados a los que alude son: Moldavia
(Transnitria), Georgia (Abjasia y Osetia del Sur), Armenia y Azerbaiyán
(Nagorno-Karavaj), incluyendo a Ucrania (Crimea y los Distritos orientales
de Lugansk y Donest).
Este doctor en Derecho Internacional en dicho libro se remontó a 1991,
cuando la URSS se disolvió en 23 nuevos Estados: 15 ex-soviéticos, 7 de
la Antigua Yugoslavia y 2 al escindirse Checoeslovaquia. Durante la
última década del s. XX la Federación Rusa emergía como un actor global
que parecía querer cuestionar “un orden internacional unipolar con una
hegemonía exclusiva estadounidense.

2. Una guerra de proyección mundial.
A partir de estos antecedentes, cabe ratificar un artículo anterior en el
que interpretamos que esta invasión se debió a un jaque a Rusia por
parte de la OTAN, que pretendía instalar misiles en Ucrania, como
ocurriera en 1962 en Cuba; aunque en aquella ocasión los misiles eran
soviéticos y tuvieron que ser retirados. Sesenta años después la espada
de Damocles pende de otros hilos, de la OTAN, de AUKUS (alianza
estratégica militar entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos) y sólo
en un segundo plano de la Unión Europea. Estas instituciones que, como
alfiles o peones, juegan a defender la hegemonía de EEUU.
Por esta razón, organizamos nuestro IV Foro de Voces Eco-Sociales en
las mismas fechas en las que se reunía en Madrid la Cumbre de la OTAN,
aunque el lema de nuestros debates y manifestaciones artísticas fuera
Por la Paz y contra el armamentismo;. Partimos del supuesto -con
indicios que pueden adquirir el carácter de pruebas- de que esta guerra
se pudo haber evitado y que debe parar cuanto antes, para evitar más
víctimas inocentes. Dado que sólo beneficia a los intereses de la
industria armamentista y de una potencia hegemónica, que pretende
permanecer como tal a cualquier precio.
Para que quede claro, consideramos que la invasión rusa a Ucrania es
una agresión ilegal porque atenta contra el derecho internacional, e
ilegítima porque se perpetra contra un pueblo que resiste heroicamente;
claramente responde al afán expansionista de Rusia. Ahora bien, esta
agresión criminal pudo evitarse y fue provocada por otra ansia
expansionista: la de OTAN, es decir, fundamentalmente de EEUU.
Como recoge Séneca en Medea: «cui prodest scelus, is fecit» (“aquel a
quien aprovecha el crimen es quien lo ha cometido”). Por un lado, si Rusia
lograra sus objetivos podría conseguir réditos, aunque el hecho de que
Suecia y Finlandia se integren en la OTAN o que su población padezca las
consecuencias económicas que entraña la guerra parecen perjudicar sus
intereses. Por el contrario, son innegables los beneficios económicos,
políticos y geoestratégicos que esta guerra reporta a los EEUU, que
preside simultáneamente la OTAN y el AUKUS.
Es difícil para el imaginario europeo admitir que el gobierno de los EEUU,
protagonista hace 72 años del Día D y del Plan Marshall, pueda
presentarse como el instigador de muertes de inocentes por guerras,
hambre o destrucción del ecosistema. Desde una perspectiva
latinoamericana es verosímil. Ahí están los documentos desclasificados
que prueban que los sucesivos golpes de estado fueron diseñados desde
la potencia hegemónica, para imponer el modelo que se terminó de
plasmar en el Consenso de Washington de 1989; el mismo año en el que
caía el Muro de Berlín y la Guerra fría se cerraba en falso, como
afirma Rafael Poch de Feliu.
Desde una perspectiva española, caben dos observaciones: cuando la II
República necesitó ayuda de Francia, Inglaterra y los EEUU, no la recibió
el gobierno democrático, sino el autócrata que preludió la II Guerra
Mundial. Por tal motivo, la foto de los mandatarios de tales países
teniendo como fondo el Guernica de Picasso merece al menos una
explicación o directamente un desagravio. Pero, remontándonos más en
la historia, el Siglo de Oro español fue la cuna del derecho internacional
público. En su teoría de la guerra justa como ultima ratio Vitoria estipula
condiciones por las que la actual guerra en Ucrania nunca debió
provocarse y debe resolverse ya. Es decir, España sabe cómo procede el
gobierno estadounidense y tiene en su acervo doctrinas
internacionalistas dignas para no mostrarse sumisa.
El orbe: o derecho de gentes vitoriano o belicismo hobbesiano
En la ponencia inaugural del IV Foro, siguiendo la interpretación de Luigi
Ferrajoli, presenté la irónica actualidad de Vitoria, que entendía los
derechos políticos como la soberanía o la guerra como limitados por el
derecho de gentes, que él interpretó como ius inter gentes (pueblos) e ius
communicationis. Por el contrario, en el s. XVII con la teoría
de Hobbes comenzó la “teoría política del individualismo posesivo” para
la que la soberanía, como potestas soluta, no respeta límite alguno.
Se trata de un concepto antijurídico, porque el derecho pone límites y
vínculos a la actuación de toda persona o todo Estado. Esta doctrina
hobbesiana se legitimó en la Guerra de 30 años que concluyó con la Paz
de Westfalia de 1648, pero la teoría continuó activa hasta producir otra
guerra de 30 años entre 1914 y 1945. Para Ferrajoli, con la ONU y
Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, se habría
reconstruido el derecho de gentes, que para Vitoria era una derecho entre
pueblos a comunicarse y para Kant era un derecho cosmopolita que
garantizara a todas las repúblicas una paz perpetua.
No obstante, en 2003 desde Las Azores, los presidentes George Bush,
Tony Blair y José María Aznar decidieron devastar Irak para usurpar sus
recursos de hidrocarburos pese a la oposición de la ONU y de la
comunidad internacional. De este modo, con un crimen todavía impune,
hicieron que el escenario internacional volviera al estado de naturaleza
hobbesiano. Esto explica la suerte de Afganistán, Libia y Siria, entre otros.
Es decir, por un lado tenemos la teoría angloamericana de la soberanía
absoluta y beligerancia ilimitada: el homo homini lupus hobbesiano. En el
caso de los EEUU esto legitima la segunda enmienda constitucional, por
la que en su territorio hay más armas que ciudadanos, disponibles para
uso doméstico y respaldado por el Club del Rifle, lobby de las industria
armamentista. Pero fuera de sus fronteras EEUU tiene fuerzas militares
en más de 700 centros de la OTAN y AUKUS repartidos en todo el globo,
incluyendo un centro de adiestramiento en Ucrania, o los cuatro en
España pactados con el dictador Franco y revalidados por el
presidente Felipe González.
Respecto a su industria militar, resulta ilustrativa la Tabla 1. Relativa a los
40 países con mayor gasto militar en 2019, que publicó el SIPRI (Instituto
Internacional de investigaciones por la Paz, con sede en Estocolmo) en
abril de 2020, calculados en billones (nuestros cien millones) de dólares.
Entre los cinco primeros: EEUU 732, China 261*, India 71.1, Rusia 65.1 y
Arabia Saudí 61.9* (*indica estimados); Los cinco siguientes: Francia
50.1, Alemania 49.3, Reino Unido 48.7, Japón 47.6 y Corea del Sur 43.9.
Esto significa que sólo EEUU invierte más dinero en la industria de
armamentos que los otros del top ten en su conjunto. España figura en el
puesto 17, con 17.2 , después de Brasil, Italia, Australia, Canadá, Israel y
Turquía. Ucrania está en el puesto 35, con 5.2 b/u$s.
Por otro lado, y como una alternativa a la belicista teoría y praxis
angloamericana, hemos presentado la teoría política
del personal(gent)ismo comunicativo, que se funda en el pensamiento de
Vitoria pero que encontró modos de desarrollarse en el pensamiento
de José Martí y su teoría de la “guerra culta” o de Juan Bautista Alberdi y
su condena de “El crimen de la guerra”.
España, habiendo sido la cuna del derecho internacional que cuestionaba
los abusos del propio colonialismo que practicó, se prestó como
anfitriona de la OTAN. No conforme con ello, meses antes de la Cumbre
el presidente Pedro Sánchez -en sintonía con EEUU y Francia, no con el
Congreso de Diputados- entregó a los refugiados saharauis al régimen
autocrático de Marruecos, como lo hiciera Franco en 1975 en el llamado
acuerdo tripartito. En este caso, para que frenara la inmigración
sursahariana.
Y, cuando en vísperas de la Cumbre de la OTAN se perpetró la masacre
de 35 personas que huían del hambre y de las guerras en la frontera de
Marruecos con Melilla, el mandatario español -invitado por una periodista
a realizar una autocrítica por el acuerdo con Marruecos- se limitó a
felicitar la actuación de las fuerzas y cuerpos de seguridad de Marruecos
y España.

Nuestro IV Foro de Voces eco-sociales también analizó los desastrosos
efectos de una guerra que contribuye al cambio climático y al ecocidio.
Ante la disminución de suministro de gas por parte de Rusia, Alemania
vuelve al carbón y la Unión Europea -en una suerte de huida hacia
delante- califica como energías renovables al gas y la energía atómica.
Sobre el particular enfatizó el profesor Iván Martín y Ladera, con quien
coincidimos en que a Rusia se la provocó desde una perspectiva
angloamericana que nunca permitiría que se integrara en la Unión
Europea y mucho menos en una alianza defensiva desde Lisboa hasta los
Urales o Vladivostok, como en su momento plantearan De Gaulle o Willy
Brandt.
Por su parte, el historiador Benito Díaz presentó la historia de la decisiva
participación de las mujeres en el movimiento pacifista entre finales del
s. XIX y comienzos del XX; ponencia que fue ratificada y completada por
la profesora de filosofía Graciela Miguel, que abogó por un cambio de
paradigma inspirado en la paz del mundo rural.
Coherentes con una decidida apuesta por mantener la esperanza en
recuperar el derecho a la comunicación entre los pueblos: el magistral
compositor Manuel Carrillo interpretó obras de su autoría, como
Refugiados; el reconocido cantautor Javier Ahijado hizo lo propio
musicalizando poemas sobre Lorca; y la excepcional bailarina
bielorrusa Natalia Chuprova ofreció un doble taller de Tango argentino,
como un lenguaje universal, en el que participaron estudiantes y vecinos.
Todo el Foro concluyó con un muy atinado y magnífico taller sobre la
(anti)poesía japonesa, a cargo del profesor y escritor Carlos Rubio:
Haikus, un destello de esperanza.

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