El ecosistema como sujeto de derecho – Fernando Rovetta Klyver (UCLM)

 “Dichosa edad y siglos dichosos aquellos

a quien los antiguos pusieron nombres de dorados (…)

porque entonces los que vivían ignoraban

estas dos palabras de tuyo y mío.

Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes”

  1. Quijote (Iª parte, cap. XI)

 

Confinado por una pandemia, con entusiasmo agradecí la invitación de Betzabé a participar de esta obra colectiva, porque con ella se trata de rendir un justo homenaje a Luis Prieto Sanchís. El catedrático más antiguo, pese a su juventud, que desde los inicios de la andadura  de la Universidad de Castilla-La Mancha, supo generar en torno suyo un equipo de investigadores y docentes de la talla de Marina, Alfonso, Gema, Isabel, Santiago y Miguel Ángel, por mencionar sólo algunos. El tema de este trabajo volverá sobre el de mi tesis que Luis Prieto, desde su proverbial rigor intelectual y no menor tolerancia, supo dirigir. Sospecho que mi modo de abordarlo pondrá en evidencia que solo por su magnanimidad (y mi inmunidad al desaliento) -a diferencia de Groucho Marx- puedo participar de este club a pesar de que me admita; por lo que nunca le estaré suficientemente agradecido.

La pandemia provocada por el Covid19 ha sacudido muchas certezas que parecían inamovibles. Una partícula invisible[1] que se ubica entre lo vivo y lo inerte, ha conseguido contagiar a toda la maquinaria productiva, las empresas de transporte y las operaciones financieras hasta dejarlas paralizadas por temor ante un futuro incierto. La misma seguridad jurídica y el pleno ejercicio de los derechos fundamentales está hoy en entredicho[2].

El futuro ya no parece tan férreamente orientado a continuar tras la pandemia, como si nada hubiera sucedido[3] aunque tal sea la expectativa de grandes corporaciones; el debate entre los teóricos parece dirimirse entre quienes como Byung-Chul Han[4] sospechan que tras la pandemia se impondrá en Occidente un régimen de un férreo control estatal a través de los big-data al estilo del imperante en China, frente a otros utópicos como Slavov Žižek que esperan el resurgimiento de un nuevo comunismo no soviético y “algún tipo de organización global que pueda controlar y regular la economía, así como limitar la soberanía de los estados nacionales cuando sea necesario.” (Žižek, 2020. p.71).

El capitalismo en su fase más agresiva de “oligopolios generalizados” se presentaba como incuestionable, los desarrollos tecnológicos hacían pensar que una parte de la especie humana había asumido los controles de la historia universal y del ecosistema, reducido éste a mero proveedor de insumos.  Estos recursos naturales -tratados despóticamente en función de ganancias a corto plazo- eran concebidos como inagotables, conforme al sueño ilustrado del progreso indefinido de la razón y del desarrollo humano, pese a la advertencia que supuso el Holocausto.[5] Mientras una exigua minoría sobreabundaba y nadaba en lo superfluo, inmensas mayorías continúan naufragando mientras se procuran lo necesario para vivir dignamente.

Cabe sospechar que la causa de la pandemia esté vinculada al modo de producción capitalista, que a través de monocultivos y macro-granjas[6] habría conseguido desestabilizar la capacidad de los ecosistemas para regular la biodiversidad e impedir que se produzcan hechos como los que ahora vivimos. Desde hace décadas se insiste en la conveniencia de llegar a acuerdos que eviten el cambio climático, la desertificación, la contaminación de los mares, la tierra y el aire, etc. Se trata de un problema global, pero a través de las sucesivas Cumbres de la Tierra, se constata la tendencia de algunos Estados -particularmente los hegemónicos- a asumir el papel del free rider, desde el que pretende beneficiarse de los esfuerzos que realicen los demás, para limitar -por ejemplo- las emisiones de gas con efecto invernadero, sin realizar los propios.[7]

Hasta los comienzos del 2020 la libertad de circulación estaba restringida en Europa y Estados Unidos para los inmigrantes africanos o latinos y para demandantes de asilo, hoy esta restricción se ha globalizado a tal extremo que para algunos recuerda a las guerras. Se puede admitir la analogía, solo si se advierte que a este enemigo no se le puede vencer con armas, sino procurando la salud de las personas y del ecosistema. No obstante, la potencia hegemónica que dejó sin efecto acuerdos de no proliferación del arsenal atómico e incrementó su partida presupuestaria para armamentos, ha retirado en esta circunstancias su contribución a la Organización Mundial de la Salud. Ciudadanos armados exigen poner fin al confinamiento en una apuesta que  Dan Patrick, vicegobernador de Texas, supo resumir como la necesidad de: “sacrificar vidas para salvar la economía” (Seleme, 2020, p.85).

Ante este escenario entiendo que resulta oportuno realizar una triple una incursión genealógica relativa a los derechos humanos. Partimos de suponer  que el derecho a la vida y salud de las personas está directamente vinculado con los modos de producción y el consiguiente tratamiento del ecosistema. La herramienta con la que contamos para tratar de incidir en este estado de cosas es el derecho, tanto el interno y constitucional como el internacional.

Por ello, comenzaremos analizando la primera, aunque tardía incorporación del ecosistema como bien jurídico a proteger desde el sistema de Naciones Unidas (1987). Y concluiremos analizando la reciente constitución de Ecuador (2008) que lo incluye como un sujeto de derechos fundamentales. Pero entre uno y otro momento, nos detendremos a confrontar dos teorías jurídico-políticas que, desde los albores de la modernidad, acompañaron o cuestionaron la emergencia de los derechos y pudieron, por tanto, articular o dificultar el reconocimiento del ecosistema como un sujeto de derechos.

 

 

  1. El ecosistema su irrupción en el derecho internacional

Desde finales de la II Guerra Mundial, los países industrializados desarrollaron sus potencialidades económicas y su dominio sobre los demás países al amparo del sistema creado por los Acuerdos de Bretton Woods entre los Aliados en 1944 y la Carta de Naciones Unidas de 1945, la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) de 1948 y los Pactos Internacionales (PIDCP y PIDESC) de 1966. Durante estas dos largas décadas de posguerra, la cuestión del ecosistema no estaba presente de las agendas políticas como un objeto o bien jurídico a proteger, sólo aparece aludido en el a.1.2 de sendos pactos de 1966: “todos los pueblos pueden disponer libremente de sus riquezas y recursos naturales…” Se trata, como dice el artículo común al PIDCP y al PDESC, de un bien disponible, como las riquezas que cotizan en el mercado.

 

Recién en 1968, coincidiendo con las revueltas del mayo francés, el movimiento de los hippies y el apogeo de The Beatles, la ONU tomó cartas en el asunto a partir de la Resolución 239 XXIII Problems of human enviroment. En 1972 se realizó una Conferencia de la ONU en Estocolmo[8], sobre Medio ambiente humano. En ella se habló de “los `derechos´ de la familia humana de contar con un medio ambiente sano y productivo” y se creó el PNUMA[9]. Para entonces la cuestión del medio ambiente entra en la agenda internacional como una cuestión nueva y, si bien está vinculada, es ajena a las ya clásicas respecto al desarrollo o la paz. En 1982, en la Conferencia de Nairobi se insiste en el vínculo entre los problemas ecológicos, con los económicos y los sociales.[10]

a.1. Nuestro futuro común, 1987

Gro Harlem Bruntland, entonces primera ministra de Noruega, en diciembre de 1983 recibió del secretario General de la ONU el encargo de presidir una comisión especial independiente: la Comisión mundial sobre el medioambiente y el desarrollo[11], para elaborar un “programa global para el cambio” que armonizara el respeto al ecosistema con un desarrollo sostenible para el 2000 y más allá. Se trataba de regresar al multilateralismo y la cooperación internacional, una vez que se relajara el clima internacional al terminar -salvo para el pueblo Saharaui- los procesos de descolonización en África, por intereses económicos y la guerra fría.[12]

El informe resultante: “Nuestro futuro común” (NFC), hecho público el 20 de marzo de 1987, cuando la población del planeta ascendía a cinco mil millones de personas y faltaban 5000 días para el s.XXI, está dirigido a los gobiernos, a empresas privadas, a las personas, especialmente las jóvenes. En él se abordan temas tales como el calentamiento global, la capa de ozono, la desertificación, “el creciente foso que separa a las naciones pobres de las ricas”, la eficiencia energética y de transportes y el armamentismo (NFC, p.12). Ante quienes pretendían que -como en 1972/82- se limitara a hablar de medio ambiente y no de desarrollo, se defendió un enfoque sistémico:

“el `medio ambiente´ es donde vivimos todos, y el `desarrollo´ es lo que todos hacemos al tratar de mejorar nuestra suerte en el entorno en que vivimos. Ambas cosas son inseparables (…) Lo que se necesita ahora es una nueva era de crecimiento económico… poderosa a la par que sostenible social y medioambientalmente.”

Entre las causas de la crisis, identifica la pérdida de la biodiversidad “necesaria para el funcionamiento de los ecosistemas y de la biosfera en su conjunto. El material genético de las especies silvestres aporta miles de millones de dólares anuales a la economía mundial en forma de especies mejoradas de vegetales comestibles, nuevos fármacos y medicamentos y materias primas para la industria. Pero aun prescindiendo de la utilidad, hay motivos de orden moral, ético, cultural, estético y puramente científico para conservar las especies silvestres.” (NFC,# 53)

No sólo diferentes especies naturales están en vías de extinción, sino también aquellas culturas que más pretenden protegerlas. Por lo que los autores del Informe solicitan una especial atención estatal e internacional para: “las poblaciones tribales e indígenas, ya que las fuerzas del desarrollo económico trastornan sus modos de vida tradicionales -modos de vida que pueden ofrecer a las sociedades modernas muchas lecciones en la administración de los recursos en los complejos ecosistemas de los bosques, montañas y suelos.” (NFC, #46)

a.2. El desarrollo sostenible: necesidades humanas y limitaciones ambientales

Además del método sistémico adoptado para la elaboración del Informe, por el que articula diferentes áreas disciplinares[13], se proyecta también en el tiempo. Ese respeto por poblaciones y culturas tradicionales, es plenamente compatible con otra doble referencia temporal, fundamental en este Informe: conjugar la atención de satisfacer las necesidades actuales con las potenciales, las de las generaciones futuras.

“El desarrollo sostenible es el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades. Encierra en sí dos conceptos fundamentales: el de `necesidades´, en particular las necesidades esenciales de los pobres (…) y el de `limitaciones´ impuestas por la capacidad del medio ambiente…”[14]

El Informe incluye también estudios sobre el crecimiento demográfico y la conveniencia de controlarlo. No obstante, advierte que “no es sólo una cuestión de tamaño de población, sino también de distribución de recursos” (n.7) Esta cuestión de la distribución de recursos es la síntesis entre la tesis de sufragar las necesidades esenciales de los pobres y la antítesis de limitar el extractivismo de los ricos. En la actualidad, con más de 7000 días de s.XXI y más de 8.300 millones de habitantes en el planeta, para Thomas Piketty[15] la desigualdad de los ingresos del trabajo (entre quienes los tienen) y de la propiedad del capital, hacen necesario plantear un impuesto progresivo sobre los ingresos y un impuesto global sobre el capital.

El ecosistema irrumpe, así, en el derecho internacional de los derechos humanos bajo la fórmula de “desarrollo sostenible” cuatro décadas después de la Declaración universal de los derechos humanos. Los autores del Informe Bruntland recomiendan a “la Asamblea de la ONU se comprometa a preparar una Declaración universal primero y luego una Convención sobre la protección del medio ambiente y el desarrollo sostenible” (NFC #86)[16] En línea con esta recomendación, el propio Informe incluye los principios jurídicos, derechos y deberes relativos a la protección del medio ambiente y el desarrollo sostenible.[17]

 

  1. De las necesidades y limitaciones en los orígenes del derecho internacional

En el Informe “Nuestro futuro común” se insiste en que “a mitad del s.XX por primera vez se vio la tierra desde el espacio”, punto de vista externo que podrá ser evaluado como más relevante que lo que supuso en el “s.XVI la revolución copernicana”[18]. Por nuestra parte, pensamos que no fue menos importantes la gesta de Magallanes-El Cano ni la coetánea creación del derecho internacional por parte de Vitoria (Vitoria, 1527-8, p.191), que ofrece una visión del “orbe todo, que en cierta manera forma una república, (y) tiene poder de dar órdenes justas y a todos convenientes como son las del derecho de gentes (…ergo) ninguna nación puede darse por no obligada…”

Aceptar tal antecedente me indujo a la tesis según la cual la creación de este derecho internacional público se funda en un “personalismo comunicativo”, que se anticipa y, desde nuestra perspectiva,[19] cuestiona al “individualismo posesivo” con el que MacPherson (1970) caracterizó las obras de Hobbes y Locke. Si esta última teoría jurídico-política resultó funcional al capitalismo, de cuya versión salvaje y colapso hoy somos testigos;  resulta significativo, que sean precisamente los dos conceptos implícitos en la definición de “desarrollo sostenible”: necesidades y limitaciones, los que sirvan para identificar a la primera.

Ha señalado Ferrajoli (1999, p.149) la actualidad de la “hipótesis esbozada primero por Francisco de Vitoria, luego por Immanuel Kant y finalmente por Hans Kelsen, de una comunidad mundial sometida al derecho”. He aquí un límite al poder soberano de los Estados, que en el s.XVII resultó negado en Francia por Jean Bodin y en Inglaterra por Thomas Hobbes. El concepto de soberanía del s.XVII como “potestas soluta” como un poder sin límites, llevará a la Guerra de los 30 años que concluye con la Paz de Westfalia de 1648. Pero se trataba de una solución coyuntural, el concepto de soberanía ilimitada devino antijurídico, si admitimos que lo propio del derecho es señalar límites y vínculos al ejercicio de toda actividad pública. Esto condujo en el s.XX a una nueva guerra de 30 años (1914-45) cuyo resultado jurídico más promisorio es la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) como inicio de una reconstrucción moderna del derecho de gentes. Ferrajoli entiende que esto puede ser el comienzo de una Constitución global. Sospechamos que esta propuesta no es muy diferente diseño cosmopolita de una sociedad de estados sometidos al derecho de gentes, trazado por Vitoria” y la del esloveno Žižek.

 

b.1. La propiedad privada como derecho fundamental: limitada a lo necesario

La actualidad de Vitoria no queda reducida a proponer un límite jurídico al ejercicio de la soberanía de los Estados, también había propuesto unos límites al ejercicio del comercio y las finanzas del mercado. Estos límites -que también demanda Žižek-  resultan particularmente oportunos hoy, que en un contexto neoliberal en el que la soberanía absoluta y antijurídica -al modo del s.XVII- la ejerce el mercado financiero; acaso ésa sea la principal razón por la que “están poniéndose nerviosos”, según el animismo capitalista difundido por los medios.

En su análisis de la pregnancia del “ius communicationis” Luigi Ferrajoli (1999, pp.132 y 127) pone al descubierto que en él se incluyen tácitamente otros derechos humanos como el “ius migrandi” o el “ius comercii”. Pero no menciona a la propiedad privada como un derecho de gentes más, implícito en el derecho a la comunicación. Entendemos que esto obedece más a la perspectiva del intérprete que a la del jurista del Siglo de Oro.

Respecto a la propiedad privada entendida como un derecho fundamental, podemos identificar tres posiciones: para el individualismo posesivo las properties siempre son un derecho fundamental, otros consideran que nunca lo son -entre los que podemos encontrar a Rousseau (1988, 249), Peces-Barba[20] o Ferrajoli[21]-, y el término medio lo encontramos en Vitoria, para quien a veces puede considerarse un derecho fundamental: cuando se refieren a lo necesario para una vida digna. Esto mismo supone un límite al derecho: considerar la necesidad ajena.

La posesión de un bien, ya sea por parte de una persona o de un pueblo, es presentada por Vitoria como un signo de señorío o de titularidad de derechos. Frente a quienes pretendían legitimar la expansión imperial en las armas, en Bulas papales, o en considerarlos siervos, sostiene Vitoria: “Contra esto milita el que estaban ellos, publica y privadamente, en pacífica posesión de las cosas; luego absolutamente (si no consta lo contrario) deben ser tenidos por verdaderos señores, y no se les puede despojar de sus posesiones en tales circunstancias.”[22] He aquí un claro ejemplo de cómo la soberanía popular -que les hace señores en lo público- funciona como garantía de sus derechos personales.

Como un ejercicio del ius communicationis: “Es lícito a los españoles comerciar con ellos, pero sin perjuicio de su patria, importándoles los productos de los que carecen…”. Pero si hay bienes comunes para los nativos como para sus huéspedes, no sería lícito a los nativos “prohibir a los españoles la comunicación y participación de esas cosas.”[23] De modo similar, un claro límite al derecho de apropiación por parte de los españoles, lo presenta Vitoria en términos del deber de restituir aquello de lo que violenta e injustamente pudieron haberse apropiado.[24]

En función de estos textos, podemos sostener que el mismo creador del derecho internacional público, al reinterpretar el derecho de gentes como ius communicationis inter gentes, no solo amplia el sujeto titular del derecho, extendiéndolo hacia un sujeto colectivo. Sino que además propone como paradigmático un derecho que, para universalizarse, habrá de atender a las necesidades básicas de todos los seres humanos y a las limitaciones que el ecosistema le impone (“productos de los que carecen”).  Conjugar estos dos principios -que son claves para definir al “desarrollo sostenible”- es la tarea para un derecho de gentes que, a modo de lege ferenda, requerirá instrumentos políticos y jurídicos que lo hagan eficaz.

 

b.2. De una reinterpretación del ius gentium a un personal(gent)ismo comunicativo

Cabe destacar que para el individualismo posesivo, la propiedad -entendida como el derecho paradigmático- es presentada como un derecho natural, sagrado, inviolable e ilimitado, concepción que resultó clave para un incipiente capitalismo, en su etapa fisiocrática y esclavista. Por el contrario, desde el personalismo comunicativo de Vitoria, se trata de un derecho de gentes. Resultado del consenso, no sólo entre personas, sino también entre pueblos.[25] Esto nos llevó a postular una primera ampliación del término con el que aludimos al sujeto titular del ius gentium, como del ius communicationis, acuñando el neologismo de “personal(gent)ismo”.

Admitir al pueblo como un sujeto de derechos no es una cuestión pacífica, particularmente después de la Ilustración y de las experiencias totalitarias. Entiende Bobbio que la democracia moderna es heredera del individualismo: en lo ontológico oponiéndose a teorías organicistas -como la soberanía popular-; en lo ético con el sapere aude kantiano; y en lo metodológico. Advierte que el individualismo metodológico -explicar las opciones grupales por las individuales- resultó funcional para la economía, pero “no puede ser trasplantado a otros campos donde los fenómenos colectivos, como el lenguaje y en parte también el derecho, no pueden explicarse a través del individuo y sus preferencias”.[26] Además, distingue entre dos tipos de individualismo: el libertario, que al reclamar protagonismo absoluto para cada cual induce al estado de naturaleza hobbesiano, y el democrático, que al constatar la insociable sociabilidad humana permite generar sociedades desde la doméstica o familiar, hasta la internacional o del orbe. Es este segundo sentido de individuo al que preferimos denominar persona, puede admitir el neologismo que conjugue lo personal y lo popular. El mismo Bobbio admite que la soberanía popular resultó funcional para derrocar monarcas absolutistas. En determinados momentos de su historia parece oportuno que los habitantes de un territorio se identifiquen como pueblo, para poder constituirse como Estados (asignatura pendiente para los Kurdos desde 1918, los Palestinos desde 1948 y los Saharauis desde 1960) o para hacer un referendum y convencerse de que no conviene hacerlo. La noción de pueblo, como un cometa, es conveniente que aparezca de tanto en tanto, para demostrar que hay otras órbitas posibles y alternativas a las que solemos transitar. El problema surge cuando es concebido como un satélite artificial controlado por un partido único.

El documento jurídico de mayor importancia es la Constitución de cada Estado, donde no escasean las referencias a la soberanía popular. En otra oportunidad mencionamos cómo la primera constitución moderna, The Funtamental Orders of Connecticut, redactada por Thomas Hoocker en 1639, se inspiró en la obra de Francisco Suárez. Otro jesuita, en este caso oriundo de Talavera de la Reina, Juan de Mariana (1536-1624), es propuesto por Luis Prieto Sanchís entre los “precedentes de la vocación constitucionalista” que se puede “encontrar en la historia toda del Derecho natural.”[27]

Cabe señalar que mientras el iusnaturalismo racionalista inglés, por obra de Hobbes se orientó al positivismo jurídico, incluso en su versión más radical como ideológico. La orientación jurídica salmantina se decantaba -conforme a su concepción antropológica- por el derecho de gentes, que según Domingo de Soto (1968, Vol II, 197) “toma del derecho natural su universalidad, su conveniencia o necesidad de hecho” como el debate sobre el precio justo, y “del derecho positivo su historicidad, contingencia o perfectibilidad”. En el marco de esta perfectibilidad encaja la recomendación de la Comisión Bruntland reclamando un convenio internacional sobre el ecosistema y el desarrollo sostenible.

 

  1. c) Del ecosistema como un sujeto constitucional de derecho

En la historia de Occidente habrían tenido cabida dos teorías jurídico-políticas, según Richard Morse (1982). La iberoamericana, que nace y muere en el Siglo de Oro, y la anglo-americana que desde el s.XVII se prolonga hasta el s.XXI planteando aporías. A la primera, la identificamos con el nombre de personal(gent)ismo comunicativo, mientras que la segunda sería la del individualismo posesivo. Prendemos sostener -con Jesús Lima Torrado (2007)- que la primera de tales teorías -que no rompe con sus antecedente medievales, pero que sí los reinterpretó- no se agotó. Pervive en Latinoamérica, prueba de ello es la incorporación del ecosistema como sujeto de derecho que se dio en la vigente Constitución de Ecuador.

 

c.1. La Pachamama: entre los Derechos Humanos o el Confucianismo

En sugestivos trabajos sobre un “constitucionalismo natural”, Aurelio De Prada García (2013)[28], establece cierto paralelismo entre esta lectura del ecosistema como sujeto de derecho y el Confucianismo. Parte de identificar los cuatro principios de la “lógica” andina: “la relacionalidad, la correspondencia, la complementariedad y la reciprocidad” entre el ser humano y el ecosistema. Advierte que “la concepción del ser humano como mera parte de un todo previo, de un continuo  natural-social,  está  también  presente en otras culturas, otras filosofías, otras cosmovisiones…. como,  por  ejemplo  y  por  aludir a las más longeva de las existentes, la china.” De ello concluye que si los derechos humanos solo admiten como sujeto de derecho -conforme a la Ilustración- al individuo, pretender ampliar esta titularidad hacia el ecosistema, haría naufragar el concepto mismo de derechos humanos: “la filosofía que más podría contribuir a esa síntesis necesaria entre los derechos humanos y los derechos de la naturaleza, entre el individuo y la Pachamama, sería la alternativa a la de los derechos humanos: la confuciana o la escuela de los letrados.”

Esta conclusión se funda en su tesis de que: “el  confucianismo y  los derechos  humanos  son dos soluciones alternativas ante un mismo problema” (De Prada, 2011) Con independencia de que sus conocimientos de lengua y cultura china puedan legitimar esa tesis, desde la teoría de los derechos que pretendo sostener encuentro oportuno señalar seis objeciones: cuatro a tal tesis y dos a aquella conclusión. 1) Si bien los derechos humanos son una “invención” de la modernidad de Occidente, entre sus orientaciones jurídico políticas cabe admitir que junto a la angloamericana, surgió -antes que aquella- la iberoamericana, cuyos fundamentos se bosquejaron en el epígrafe anterior. 2) Vincular los derechos humanos al individualismo ilustrado, supone negar una de las dos tradiciones. 3) Con independencia de su origen occidental, la doctrina de los derechos humanos tiene una vocación de universalidad, que en cierto modo se satisface con la incorporación de China al sistema de Naciones Unidas.[29] 4) Cabe sospechar que solo desde el individualismo posesivo, la alternativa podría interpretarse como excluyente: o Confucianismo o Derechos Humanos;  desde el persona(gent)ismo comunicativo se puede interpretar como una disyunción inclusiva, en un ejercicio de respeto a la diferencia.

Analizando ahora la conclusión que establece un paralelismo entre la “filosofía andina” y la escuela de los letrados o confuciana:  5) existe el riesgo de que se interprete -conjugada con la tesis comentada- que al menos en el ámbito teórico se estaría expulsando a Ecuador y Bolivia del ámbito de los derechos humanos. Parecería más oportuno mantener su pertenencia y la de China a esta comunidad de naciones. Pero, 6) lo que resulta más difícil es imaginar a través de qué mediación histórico- cultural justifica ese paralelismo. Mas bien parece evidente que, por la historia nada pacífica de la colonización (s.XVI- XIX) hasta su independencia estos países latinoamericanos estuvieron, e incluso hasta hoy continúan, vinculados a la doctrina jurídico-política nacida en Salamanca y Coimbra. Paradójicamente es en ellos -no en la España actual- donde mejor se despliegan las potencialidades de tal doctrina.

 

c.2. Individuos posesivos o personas y pueblos comunicativos

Los dos modelos jurídico-políticos de Occidente, a los que aludimos antes de referirnos al de Oriente, en primer lugar difieren en cuanto al sujeto de derecho, porque el concepto de persona tiene mayor connotación que el de individuo, en tanto que se trata de un sujeto indivisible, sino que además está en relación comunicativa y puede constituir con otros un sujeto colectivo tan polémico como pueblo. Difieren también en el derecho asumido como paradigmático. Comunicarse y apropiarse son dos posibles modos de relación de un ser humano. Pero mientras que apropiarse stricto sensu se refiere a las cosas, porque si se dirigiera hacia otro ser humano lo esclavizaría, y con esto lo (y se) excluiría del ámbito de los derechos humanos; comunicarse alude propiamente a una relación con otra persona libre, aunque si se extiende al ecosistema, no lo denigra, lo enaltece, lo incluye en el marco de los derechos humanos.

De modo análogo a como el concepto de individuo reduce a la persona a un mero átomo social, y, consecuentemente su principal derecho: apropiarse, cuando no es pacífico, niega la acción comunicativa y se reduce a mera acción instrumental, conforme a la distinción de la Escuela de Frankfurt. El concepto de persona, por el contrario, incluye al de individuo y lo completa, porque su principal derecho y deber de comunicarse incluye, entre otros, al derecho a apropiarse “pacíficamente” -añadiría Vitoria- de las cosas. De este modo, lejos de salir del ámbito de los derechos humanos, internándose en él se ajusta a las necesidades humanas y pretende respetar -y hacer respetar- las limitaciones que el ecosistema le presenta, proceso que llega a su máxima expresión en los artículos de la Constitución de Ecuador.

 

c.3. Hacia un personal(eco-gent)ismo comunicativo

Concretamente, Ecuador en 2008 y Bolivia en 2009 optaron por profundizar su compromiso con el ecosistema al vincularlo a la narrativa del buen vivir: suma qamaña (aymara) o suma kawsay (quechua). De ellas, la que logró conclusiones más garantistas, amparándose en sus propias tradiciones, independientes de la Ilustración, fue la Constitución de Ecuador; al incorporar al ecosistema como un sujeto de derechos:

“a.71: La naturaleza o Pachamama, donde se reproduce y realiza la vida, tiene derecho a que se respete íntegramente su existencia y el mantenimiento y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos.”

Esta noción de naturaleza puede aplicarse, por analogía, al útero materno. No es casual que el nombre indígena de la naturaleza explícitamente aluda a la maternidad. Esto nos induce a postular -conforme al artículo constitucional ecuatoriano- una nueva ampliación del sujeto titular de los derechos humanos en clave de ius gentium, de tal modo que se funden en  “personal(eco-gent)ismo comunicativo”. Advertimos también que en español el término persona es un femenino incluyente, mientras que el de individuo es un masculino que para algunas versiones del feminismo se trataría de una expresión excluyente.[30] Con esta nueva formulación del modelo, este modo de fundamentar los derechos humanos se presenta -en términos de Boaventura de Sousa Santos (Sousa Santos, 2019, p.17)- como una alternativa a lo “que el colonialismo, el capitalismo y el patriarcado pretenden imponer.” En consonancia con ello, el siguiente artículo constitucional reivindica simultáneamente el cuidado de la naturaleza, como también el de los pueblos originarios -que ya en el Informe Bruntland (# 53)- eran mencionados como sus principales garantes:

“a.72.-La naturaleza tiene derecho a la restauración. La restauración será independiente de la obligación que tiene el Estado y las personas naturales y jurídicas de indemnizar a los individuos y colectivos que dependan de los sistemas naturales afectados.”

Si hasta el momento hemos planteado la divergencia entre dos tradiciones jurídico-políticas occidentales, desde una teoría comunicativa no cabe concebirlos como universos cerrados, cabe constatar cierta permeabilidad, como la referida a la Constitución de Connecticut (1639). En igual sentido, en 2013 Nueva Zelanda, país tributario del modelo anglo-americano y del sistema jurídico del Common Law, ajeno a la codificación continental europea, ha sabido generar precedentes que parecen inspirados en la Constitución de Ecuador. El Parque Natural Te Urewera, en la Isla Norte fue declarado persona jurídica. Un lustro después,  en 2018, otorgó el mismo estatus el río Whanganui, el tercero más largo de Nueva Zelanda. No se trataba de un reconocimiento retórico, supuso una indemnización estatal doble: a la minoría Whanganui iwi y a la restauración de la salud del río.[31]

Se ha objetado que aunque pueda concebirse a un río, un bosque o al ecosistema todo como un locus vitae, en tanto no dotados de racionalidad ni voluntad libre, no podrían ser considerados sujetos de derecho. Pero esta objeción no tiene en cuenta la historia del derecho. El derecho romano, distinguía entre ius civile y ius gentium, entre los s.XI y XII se produjo en Europa la “recepción del derecho romano”. El Código civil napoléonico (1804), documento no ajeno a la Europa ilustrada, distingue entre persona y sociedad.[32]  A partir de esta distinción el actual Código Civil español admite -como el a.72 de la constitución analizada- la existencia de “personas jurídicas”.[33] No parece necesario señalar aquí el paralelismo con el universo jurídico occidental que, al margen del Common Law, desarrolló la codificación civil.

Si a una empresa que tala árboles y contamina el aire, el agua o la tierra se la considera persona jurídica, parece razonable que -con más razón- se otorgue tal condición al ecosistema. Del mismo modo que una empresa tiene su consejo de administración, que la representa y adopta decisiones para su crecimiento y desarrollo, con frecuencia no sostenible; los pueblos originarios o los consejos de campesinos, con el conveniente asesoramiento científico, pueden representar los intereses de la que Delibes llamaba “la tierra herida”. Si en el s.XVI la estrategia de Ginés de Sepúlveda para legitimar la esclavitud de los indios y apropiarse de sus recursos, consistía en negarles la condición de seres humanos, no parece que en el s.XXI sea conveniente negar la condición de sujeto de derecho a la selva amazónica, ni a los pueblos que la habitan.

 

c.4. Personas no humana como sujetos de derecho

Frente a aquellas realidades que afectan a las necesidades personas y pueblos del Sur, en un cabal ejercicio de Filosofía del Derecho, Robert Alexy al comenzar este milenio se preguntaba si Data, un robot de la serie Star Trek, puede ser “titular de derechos humanos o fundamentales.”[34] A propósito de la ciencia ficción propone: “Aquí queremos usar la expresión (derechos humanos) de modo que permita no sólo la interpretación de que se refiere exclusivamente a los seres humanos, sino también la que incluye derechos de otros seres.” Confronta dos tesis, a la primera la denomina “de los humanos”, la segunda “de las personas (…) siempre que la personalidad no esté vinculada al concepto de ser humano”[35] Después de nuestra incursión por el Derecho civil, no parece extraña esta segunda tesis.

Puede resultar estimulante esta incursión en el mundo de la ficción, con la solvencia y rigor habituales en estos iusfilósofos, como también en otros que encuentran en el cine argumentos para pensar la realidad. Aunque es sabido que muchas veces ésta supera a la ficción y pueden resultar de actualidad doctrinas y crónicas elaboradas en el s.XVI respecto a viajes similares a los “de la nave Enterprise (…) dedicada a la exploración de mundos desconocidos, al descubrimiento de nuevas vidas, nuevas civilizaciones…»

El concepto de “persona no humana” que se pretende en la ficción atribuir a una máquina o algo que puede ser desconectado; fue aplicado en la realidad a ciertos animales por jueces de diferentes instancias y jurisdicciones en Argentina durante el último lustro. Después de que se negara un recurso habeas corpus para evitar la permanencia de un oso polar en un zoológico tropical, se reconoció tal recurso a favor de una orangutana, declarándola “persona no humana”, igual que a un perro callejero maltratado y a una chimpancé, aunque en este caso se la declaró “sujeto de derechos no humana”. Para estas sentencias se realizó una interpretación amplia de los artículos 51 y 52 del Código Civil argentino, según los cuales: “todos los entes que presenten signos característicos de humanidad, sin distinción de cualidades o accidentes, son personas de existencia visible” y por lo tanto son “capaces de adquirir derechos o contraer obligaciones.”[36]  Con interpretaciones extensivas como estas, Data no hubiera tenido problemas para ser considerado sujeto de derechos humanos.

Sin llegar a esta radicalidad, aunque reconociendo derecho a un buen trato y la prohibición de su abandono, existe Convenio Europeo sobre protección de animales de compañía (13/nov/1987);  aunque también alude a los animales vagabundos y a los usados para espectáculos.

 

A modo de conclusión

 

Comenzamos aludiendo a la reclusión que está viviendo buena parte de la humanidad. Parece razonable el diagnóstico de Enrique Dussel. Esto se debe: “al desprecio por el valor cualitativo de la naturaleza, en especial por su nota constitutiva suprema: el ser una “cosa viva”, orgánica, no meramente maquínica; no es sólo una cosa extensa, cuantificable. Hoy, la madre  naturaleza (ahora como metáfora adecuada y cierta) se ha rebelado; ha jaqueado a su hija, la humanidad, por medio de un insignificante componente de la naturaleza (naturaleza de la cual es parte también el ser humano, y comparte la realidad con el virus).” [37]

El Informe “Nuestro futuro común” en 1987 -elaborado para la ONU- concluía recomendando cambios institucionales y la creación de una Declaración Universal y un pacto internacional por el desarrollo sostenible y el medio ambiente. Tales instrumentos internacionales continúan como asignaturas pendientes.

Analizando la definición de “desarrollo sostenible” de NFC y sus conceptos fundamentales: satisfacción de necesidades presentes sin comprometer las de generaciones futuras, y respetar las limitaciones que ofrece el ecosistema, creemos encontrar una posible lectura de los derechos humanos que cuestione las bases del capitalismo.

Sospechamos que el modelo anglo-americano del “individualismo posesivo” ha legitimado no sólo la emergencia del capitalismo, sino su expansión imperial y colonialista más agresiva, desde su concepción de soberanía ilimitada, del mismo modo que concibió como ilimitados el derecho a la propiedad y al lucro.

El actual colapso del capitalismo provocado por un virus -no virtual, sino real- abre el portal a una alternativa: la teoría jurídico-política de un personal(eco-gent)ismo comunicativo. Ésta se inauguró tratando de poner límites -a través del derecho indiano- a los modos más salvajes de colonización, a partir de concebir al orbe como un conjunto de repúblicas regulado por un derecho de gentes. De modo similar, admitía el derecho fundamental a la propiedad solo en la medida en que se tratara de bienes necesarios para una vida digna, conforme a los límites que proponía la misma naturaleza.

Las potencialidades de este modelo surgido entre Salamanca y Coimbra, aunque no suficientemente valorado hoy en la península Ibérica, parecen desplegarse en América Latina, prueba de ellos es la Constitución de Ecuador que incorporó al ecosistema como sujeto de derecho. Téngase presente que Ecuador incluye en su territorio a las Islas Galápagos, segunda reserva marina más grande del planeta, declarada patrimonio de la humanidad (Unesco, 1978) y cuya visita inspiró a Darwin explicar “El origen de las especies” (1859).

Junto a tal cambio constitucional, vimos algunas iniciativas parciales orientadas en el mismo sentido, reconociendo como sujeto titular de derechos humanos o personas jurídicas a un río o una reservas natural (Nueza Zelanda) , o a tres animales (Argentina), componentes todos del ecosistema.

Si tras la II Guerra Mundial el sistema de Naciones Unidas logró que se incorporaran los derechos humanos en las constituciones; después de este confinamiento -inédito desde 1945- es conveniente que la reforma constitucional de Ecuador sea “tomada en serio” por el sistema de la ONU y por el resto de Estados, en tanto que suponen adoptar las recomendaciones elaboradas por la Comisión Bruntland.

Mientras no exista un informe concluyente respecto a la etiología de la actual pandemia, podemos admitir que está vinculada a la pérdida de la biodiversidad. Y, aun cuando tuviera otro origen, el problema ecológico -tardíamente incorporado a la agenda de Naciones Unidas- ha llegado a un punto de inflexión que no admite que posterguemos nuestras respuestas.

 

Bibliografía

Alexy, R. (2000). Data y los derechos humanos. Mente postrónica y concepto dobletriádico de persona. En A. García Figueroa (2007) Star Trek y los Derechos Humanos. Valencia, Tirant Lo Blanch, 85-100.

Bobbio, N. (2003), Teoría general de la política, Edición de A. de Cabo y G. Pisarello. Madrid, Trotta.

Código Napoleón con las variaciones efectuadas por el cuerpo legislativo el 3 de septiembre de 1805, Copia facsimilar del editado en 1807.  Madrid. Imprenta de la hija de Ibarra, http://fama2.us.es/fde/codigoNapoleon.pdf

Coccia, E. (2020) La Tierra puede deshacerse de nosotros con la más pequeña de sus criaturas. Capitalismo y Pandemia, 119-125. https://mail.google.com/mail/u/1/#search/capitali/ KtbxLthtGJFwXjQLhMSNqLWwlQVjHZWCXV?projector=1&messagePartId=0.1

De Baggis, G.F. (2017). Arturo, Sandra, Poli y Cecilia, cuatro casos paradigmáticos de la jurisprudencia argentina. Derecho animal, Foro of animal law studies, Vol.8. 22, 1-17.

De Prada, A. (2011). Entre confucianismo y derechos humanos: 君 人 Individuo y rey. Cuadernos electrónicos de Filosofía del derecho, Número 23, 131-159.

De Prada, A. (2013). Derechos humanos y derechos de la naturaleza: El individuo y la Pachamama. Cuadernos electrónicos de Filosofía del derecho, Número 27, 81-95.

de Sousa Santos, B. y Aguiló, A. (2019) Aprendizajes globales. Descolonizar, desmercantilizar y despatriarcalizar desde las epistemologías del Sur. Barcelona, Icaria Antrazyt.

Dussel, E. (2020). Cuando la naturaleza jaquea la orgullosa modernidad. Capitalismo y Pandemia, 87-90.

Ferrajoli, L. (1995). Derecho y razón. Teoría del garantismo penal. Prólogo de Norberto Bobbio.

Ferrajoli, L. (1999). Derechos y garantías. La ley del más débil. Madrid, Trotta.

Ferrajoli, L. (2001). Los fundamentos de los derechos fundamentales. Madrid, Trotta.

García-Figueroa, A. (2020 a). Un apunte de Teoría del Derecho para la crisis del Covid19. Almacén de Derecho | Abr 8. https://almacendederecho.org/estado-de-alarma-estado-de-excepcion-y-libertad-de-circulacion/

García-Figueroa, A. (2020  b). «Todos y todas» no nos incluye a todos (y menos a todas). Almacén de derecho | Abr 25. https://almacendederecho.org/todos-y-todas-no-nos-incluye-a-todos-y-menos-a-todas/

Han, B-Ch. La emergencia viral y el mundo de mañana. Covid 19. MA-Editores. 78-90.

Lazzarato, M. (2020). Es el capitalismo, estúpido. Capitalismo y Pandemia. Ed. Filosofía Libre. Abril 2020. 91-112.

Lima Torrado, J. (2007). Tolerancia comunicativa como superación de la tolerancia neoliberal y como instrumento de construcción de la sociedad de la responsabilidad. En J. Lima Torrado, E. Olivas y A. Ortíz-Arce, (coord..) Globalización y Derecho. Una aproximación desde Europa y América Latina, (pp.313-330). Madrid, Dílex.

MacPherson, C.B. (1970) La teoría política del individualismo posesivo. De Hobbes a Locke. Trad. J.R. Capella, Barcelona, Fontanella.

Morse, R. (1982). El espejo de Próspero: Un estudio de la dialéctica del Nuevo Mundo, Bs.As.-México, S.XXI.

Peces-Barba, G. (1999) Derechos sociales y positivismo jurídico. Madrid, UCIII.

Piketty, T. (2014). El capital en el s.XXI. México, Fondo de cultura económica.

Prieto Sanchís, L. (2003). Justicia constitucional y derechos fundamentales. Madrid, Trotta.

Prieto Sanchís, L. (2005). Apuntes de Teoría del Derecho. Madrid, Trotta.

Riechmann, J. (2020). La crisis del coronavirus y nuestros tres niveles de negacionismo. Capitalismo y Pandemia. Ed. Filosofía Libre. Abril 2020, 21-24.

Rovetta Klyver, F. (2008). El descubrimiento de los derechos humanos. Madrid, Iepala.

Rousseau, J.J. (1988). Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres <1754>, Trad. de M. Armiño. Alianza, Madrid.

Sabater, F. (2020). No estábamos dispuestos a creer lo que veíamos. Capitalismo y Pandemia, 68-75.

Seleme, F. (2020). Combatiendo al virus y al capital. Capitalismo y Pandemia, 83-86.

Soto, D. (1968). De la justicia y el Derecho, <1553> Libro III, q.1, Sección teólogo juristas. IEP, Madrid.

Vitoria, F. (1934). Comentarios a la Suma Teológica de Tomás de Aquino <1512>, Ed. preparada por Beltrán Heredia. Madrid, Publicaciones Asociación Francisco de Vitoria

Vitoria, F. (1965). De potestate civili  <1527-28> en Obras. Relecciones teológicas, ed. crítica T. Urdánoz. Madrid, BAC.

Vitoria, F. (1965). De Indis I <1537-38> en Obras. Relecciones teológicas. Madrid, BAC.

Vitoria, F. (1965). De iure belli o De Indis II <1538-39> en Obras. Relecciones teológicas Madrid, BAC.

World Commission on Environment and Development (WCED) (1987). Our common future. The Bruntland Report. Oxford. Oxford University Press.

Žižek, S. (2020). Coronavirus es un golpe al capitalismo al estilo `Kill Bill´ y podría conducir a la reinvención del comunismo.  Covid 19. MA-Editores. 66-72.

[1]  Emanuele Coccia describe al virus como “demasiado animado para la química, pero demasiado indeterminado para la biología” para luego ironizar: “Soñábamos que éramos los únicos responsable de la destrucción…” (Le Monde, 16/abr/2020).

[2]  Alfonso García-Figueroa (2020 a) sostiene que “la pandemia ha alterado de algún modo el `normal funcionamiento de las instituciones democráticas´ (…) El estado de alarma no puede suponer la suspensión, sino a lo sumo la restricción de derechos fundamentales.”

[3] Fernando Sabater afirma: “No confío mucho en esto de los grandes cambios de la humanidad (…) cambió cuando hubo la peste en Europa que sirvió a Boccaccio para escribir El Decamerón  y lo que quedó es solo eso.” (Ethic, 03/abr/2020)

[4]  “En Asia las epidemias no las combaten solo los virólogos y epidemiólogos, sino sobre todo también los informáticos y los especialistas en macrodatos. Un cambio de paradigma del que Europa todavía no se ha enterado.” (El País, 22/mar/2020).

[5]  Jorge Riechmann identifica como nivel 0 negar el Holocausto, 1 negar el cambio climático, 2 negar nuestra finitud y 3, la gravedad de esta pandemia. Publicado en The Conversation, 26 de marzo. Ante este escenario, sería conveniente confrontar: el optimismo de Kant tras la Revolución Francesa, con el realismo de Walter Benjamin tras el Holocausto.

[6] Wallace, R. (2016) Big farm make big flu : “La casi totalidad del proyecto neoliberal se basa en el apoyo a los intentos de las empresas de los países más industrializados de expropiar la tierra y los recursos de los países más débiles. (…) La cría de monocultivos genéticos de animales domésticos elimina cualquier tipo de barrera inmunológica capaz de frenar la transmisión.” Citado por Maurizio Lazzarato (Lazzarato, 2020, pp.95-6). En este mismo sentido Fernando Valladares (CSIC) afirma: “La mejor vacuna contra las pandemias, el mejor escudo, es una naturaleza sana.”

[7] Alejando Caparrós (CSIC) en una mesa redonda sobre Transición energética en España, promovida por la Fundación Ramón Areces (11/09/19), sostuvo que por el Paris Agreement o Accord de Paris, en 2016 Alemania se propuso reducir sus emisiones un 40 % hasta 2030. En el caso de Francia, proyectó aumentar las tasas a la tonelada de CO2 desde los 7€ que costaba en 2014 gradualmente hasta los 80 € en 2050, pero cuando en fechas recientes se aproximó a los 45 €, este impuesto se convirtió en la principal causa de movilización de los “chalecos amarillos”. Otra integrante de la mesa, María Sicilia (Enagas), afirmó que su empresa no invertiría en energía renovables porque entendía que había escaso margen de ganancias. En otra mesa redonda, promovida por el Ayuntamiento de Talavera de la Reina (29/01/2020), el representante de Enagás afirmó que su empresa llevaba años apostando por las energías renovables, por lo que se incorporaría a “Plan de Desarrollo del Gas Renovable (hoja de ruta 2020-2030)”

[8] Conferencia presidida por el primer ministro sueco Olof Palme, asesinado el viernes 28 de febrero de 1986, cuando regresaba del cine con su esposa sin escolta. La autoría del crimen aun no fue esclarecida.

[9] Su mandato era “coordinar y proporcionar orientación para la acción relativa al medio ambiente en todo el sistema de las Naciones Unidas. Este mandato tenía que cumplirlo un Consejo de Administración compuesto por 58 Estados.

[10] A partir de entonces las diferentes Cumbres de la Tierra adoptarán el concepto de “desarrollo sostenible” propuesto en 1987: Río de Janeiro (1992 y 2012), Johannesburgo (2002), Cumbre del Clima Katowice (2018) que asumió el Acuerdo de París (2015) la Cumbre de estudiantes (New York 21/sep/2019) y de la ONU planeada para Santiago de Chile (2020) pero realizada en Madrid (02-13dic/2019).

[11] Bruntland asumió la tarea porque “Ningún dirigente político había llegado a ser Primer Ministro con unos antecedentes de varios años de lucha política, nacional e internacional, como ministro del medio ambiente.” (Prefacio del presidente, NFC, 10) Después de participar de la Comisión Brandt: Programa para la supervivencia ante una crisis común (1977-83), y la Comisión Palme: Programa para el desarme y la seguridad común (1980-82).

[12] En la Comisión (WCED, por sus siglas en inglés) había representantes de EEUU y la URSS, además de China,  India, Brasil, R.F. Alemana, Italia hasta totalizar 21 países. Los comisarios -según el prefacio del informe- actuaban a título personal y superaron las diferencias entre países en desarrollo y países industrializados, del Este y Occidentales.

[13] “El carácter integrador e interdependiente de las nuevas tareas y cuestiones contrasta agudamente con el carácter de las instituciones que existen actualmente. Estas instituciones tienden a ser independientes, fragmentadas, con un mandato relativamente estrecho y procesos de decisión cerrados.” NFC # 10 (Citamos al informe Our common future, por las siglas en español de Nuestro futuro común: NFC)

[14] NFC Cap.II Hacia un desarrollo sostenible (sustainable development).

[15] Thomas Piketty (2014) en la parte IV de su libro, tras analizar la evolución de la distribución de la riqueza y la consiguiente desigualdad desde el s.XVIII en las tres partes anteriores, afirma: “una de las principales lecciones de nuestra investigación es que, en gran medida, fueron las guerras las que establecieron tabla rasa con el pasado y condujeron a una transformación de estructura de la desigualdad en el s.XX.” Ante esto, propone repensar el impuesto progresivo sobre el ingreso. Considerando la importancia que otorga a las guerras, cobra relevancia la metáfora bélica que -para referirse a la pandemia- emplean diferentes mandatarios, incluso el francés. (cap. XIII. Un Estado social para el s.XXI. pp. 519-545)

[16] La Declaración de Río sobre medio ambiente (1992), seguida de más de 30 convenciones fragmentan la visión sistémica de la recomendación Bruntland. Por el caso omiso hecho a la recomendación de NFC, la organización conservacionista BirdLife international solicitó a la ONU que sumara un nuevo artículo a los 30 de la DUDH, referido al “derecho a un medio ambiente sano”. Pedido el 22 de abril de 2020, con motivo del 50 aniversario del Día de la Tierra. Cfr. La Vanguardia https://www.lavanguardia.com/vida/20200422/ 48674907674/birdlife-pide-a-la-onu-que-consagre-como-derecho-un-medio-ambiente-saludable.html

[17] NFC: Anexo I. Entre los principios cabe destacar: la no discriminación, la obligación de cooperar en problemas ambientales transfronterizos e intercambio de información y evaluación.

[18] NFC: Prefacio del presidente y Cap. XII (1967, pp. 12 y 343) “A mediados del siglo XX, vimos por primera vez nuestro planeta desde el espacio. Con el correr del tiempo, los historiadores descubrirán que esta visión tuvo una repercusión más grande sobre el pensamiento que la revolución copernicana en el siglo XVI, que trastornó la imagen que el hombre tenía de sí mismo al revelar que la Tierra no es el centro del universo.”

[19] Dirigido por Luis Prieto Sanchís, finalicé mi tesis doctoral, iniciada en la Universidad Nacional de Tucumán bajo la dirección de Gaspar Risco Fernández, sobre la obra de Francisco de Vitoria. La publicó Carmelo García (Iepala) un lustro después.

[20] “La propiedad será un derecho económico, pero su falta de contenido igualitario le impide incluirse en la categoría de derecho fundamental.” (Peces -Barba, 1999, p. 26).

[21] Después de un análisis de este concepto en Locke y coincidiendo con la interpretación de MacPherson (Ferrajoli, 1995, p. 950), sostiene: “La primera diferencia consiste en el hecho de que los derechos fundamentales…son derechos `universales´ (omnium), (…) mientras los derechos patrimoniales son derechos singulares (singuli)” (Ferrajoli, 2001, p.30). Esta es una de las cuatro tesis que infiere de su definición teórica y formal de los derechos fundamentales. Sospechamos que en este caso el autor incurre en el formalismo que, apropósito de la validez de las normas, critica en Kelsen. Si además del quién y cómo alguien es propietario, considerara también el contenido de tal derecho, el qué; podría concluir que el derecho a lo necesario (como, por ejemplo, una vivienda digna), es un derecho fundamental; mientras que el derecho a una segunda vivienda no lo es, porque es superflua. Además, si incluye entre los derechos humanos al “ius comercii”, tácitamente estaría admitiendo el derecho a la propiedad, porque comerciar con bienes ajenos es un delito.

[22] Francisco de Vitoria (1965) lo afirma en De Indis I <1537-38> # 5, 651. Sobre este argumento, regresa en De iure belli o De Indis <1538-39> #29 833: “El que duda de su derecho, aun cuando esté en pacífica posesión, está obligado a examinar el asunto diligentemente y oír pacíficamente las razones de la parte contraria…” En uno y otro caso alude a un cabal ejercicio de comunicación.

[23] Vitoria (1965) De Indis I, # 3, 708-9, reivindica el ius comercii aunque de modo asimétrico, apostillamos, para legitimar la extracción de metales preciosos que “entre ellos abunda”.

[24] Vitoria  (1934) en el tratado De la restitución (II-II, 62), la define como primer acto de la justicia conmutativa, Vitoria profundiza en el caso del magnicidio de Atahualpa cometido tras haber recibido un cuantioso rescate, por lo que éste debe restituirse.

[25] Remite a James Brown Scott (1928) El origen español del derecho internacional. Valladolid, Cuesta. “Parafraseando las Institutiones de Gayo (1, 2, 1), y sustituyendo homines por gentes Vitoria propone la siguiente definición del derecho internacional: `quos naturalis ratio inter omnes gentes constituit, vocatur ius gentium.´” (Ferrajoli, 1999, 129).

[26] Realiza esta advertencia en el capítulo “Democracia: los fundamentos” (Bobbio, 2003, pp. 412 y 409).

[27] Cita a pie de página nº 32: “Escribe Juan de Mariana que el poder real `ha de ser limitado desde un principio por leyes y estatutos a fin de que no exceda en perjuicio de sus súbditos y degenere al fin en tiranía´. Por eso, al rey se le debe obediencia `mientras no desprecie esas mismas leyes que se le impusieron por condición cuando se le confió el poder supremo´ (Del rey y la institución real <1599>, Publicaciones españolas, Madrid, 1961, Vol I, 124 y 110 respectivamente).” (Prieto Sanchís, 2003, p. 33)

[28] De Prada en este artículo incurre primero en cierta atribución vaga, al hablar de “algunas constituciones latinoamericanas” (44) pero luego atribuye erróneamente a la actual constitución de Bolivia, igual tratamiento del ecosistema que la ecuatoriana (85 y 90).  Eduardo Gudynas  (2018) “¿Por qué Bolivia no reconoce los derechos de la Naturaleza?” Este investigador del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES) señala que el error de atribución puede provenir de que “la nueva Constitución tiene un mandato ético de perseguir el Vivir Bien, lo que podría cobijar una gestión ambiental más vigorosa”; pero en su artículo 33 sólo afirma: “las personas tienen derecho a un medio ambiente saludable, protegido y equilibrado”. http://naturerightswatch.com/por-que-bolivia-no-reconoce-los-derechos-de-lanaturaleza/

[29] Ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU la delegación china sostuvo que aceptar 82% de sus recomendaciones: “demuestra completamente la determinación china y su actitud abierta y activa hacia la promoción y protección de los derechos humanos” (Fundeps: Política y Derechos Humanos) 15 de marzo de 2020. Además, la Constitución de la República Popular China tiene un catálogo de derechos fundamentales (aa.33-56), entre los que incluye la igualdad y libertad de expresión, basados en la dignidad de la persona. La descripción que realiza Byung-Chul Han del uso de los big-data genera dudas sobre la garantías de estos derechos.

[30] Frente al carácter presuntamente excluyente de términos tales como “individuo” u “hombre”, se adoptó como estrategia el desdoblar los sustantivos, al respecto hay una aguda crítica de Alfonso García Figueroa (2020  b).

[31] La indemnización ascendió a 80 millones de dólares neozelandeses (52 millones de euros), así como otros 30 millones (19 millones de euros) para mejorar la salud del río. Chris Finlayson, ministro neocelandés para la Negociación de tratados, declaró «Sé que la reacción inicial de algunos será [pensar] que es bastante extraño dar personalidad legal a un recurso natural, pero no es más extraño que una fundación familiar, una compañía u otro tipo de sociedad” Ambientum, 7 de marzo de 2018, https://www.ambientum.com/ ambientum/agua/nueva-zelanda-ha-otorgado-el-estatus-de-persona-juridica-al-rio-whanganui.asp

[32] En sus tres libros, aborda: 1) persona, del goce y privación de los derechos civiles (aa.1-515);  2) de los bienes y modificación de la propiedad (aa.516-710) y 3) modos de adquirir dominio (aa.711-2281), en su título IX, a.1832 “La sociedad es un contrato por el qual (sic) dos o más personas se convienen á poner alguna cosa en común con la mira de partir el beneficio que de ellas pueda resultar.” Código Napoléon (1807).

[33] Código Civil español, “Artículo 35 “Son personas jurídicas: 1.º Las corporaciones, asociaciones y fundaciones de interés público reconocidas por la ley. Su personalidad empieza desde el instante mismo en que, con arreglo a derecho, hubiesen quedado válidamente constituidas.”

[34] Alexy (2000) en la Universidad Christian Albrecht de Kiel, dictó una conferencia el 8 de febrero en recuperada, traducida y comentada por Alfonso García Figueroa (2007).

[35] Después de calificarlo como uno de los conceptos más complicados, sostiene Alexy, R. (2000: 93-4): “para que algo sea una persona, debe primero ser inteligente, segundo tener sentimientos y tercero conciencia”.  Cabe suponer que no es preciso que concurran las tres simultáneamente, porque en tal caso al dormir o perder la conciencia, alguien podría dejar de ser persona; por otro lado, estas condiciones no pueden predicarse al modo de una norma: todo-nada, sino más bien como principios, gradualmente. En tal caso, hasta la fototropismo positivo de las plantas podría considerarse un modo de conciencia.

[36]  Gustavo De Baggis (2017) analiza los casos presentados en Juzgados a favor del oso polar Arturo en 2013, el perrito Poli en 2015, la chimpancé Cecilia en 2016, y el de la orangutana Sandra en 2014 que fue declarada “persona no humana” en una sentencia que sentó jurisprudencia.

[37] Dussel (2020) sostiene que las revoluciones: colonial en el s.XVI, científica en el s.XVII y tecnológica del s.XVIII, marcaron el comienzo de período antropoceno. Propone denominar al período posterior al actual confinamiento:  transmodernidad.

Social Share Buttons and Icons powered by Ultimatelysocial
Instagram
info@urpf.org
YouTube
YouTube
Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Asumiremos que está de acuerdo con esto, pero puede optar por no participar si lo desea.    Más información
Privacidad